sábado, 25 de febrero de 2012

El Dr. Troconi. Personaje del humor larense.



Prof. Emmanuel  P. González Espinal.-
El  Humor  Negro.-

                                                                                              

     Antes debo decir que en Venezuela se ha desatado una corriente de opinión  que considera como racista a todo el que utilice de una u otra manera la palabra “negro”. En nuestra tierra larense la expresión “Humor Negro” se usa desde tiempo inmemorial, incluso dicen, antes de la llegada de Bartolomé de Las Casas a estas tierras. Por tal me parece ver a estos señores condenando a nuestros insignes poetas y declamadores del género negroides cuando recitan:  “ Negro compañero, --- de manos de zarpa y ojos de alacrán …… Negro tremebundo con pata de araña. ----- Negro de la tierra donde zumba la ó. --- Negro que fundieron en costras volcánicas los retortijones de Fernando Poo. ----- Negro el pelo, negro el rostro, negro el caballo trotón: ---negro el bigote retinto, ---- negra la mala intención”.
     Ahora pasemos al “ Tinglado de  La antigua farsa “.

     El Dr. Troconis fue un singular personaje del humorismo larense. Su chispa mordaz se dio a conocer no sólo en su lar nativo, El Tocuyo, sino en el resto del Estado Lara y otras regiones limítrofes. El Dr. Juan de Dios Troconis, era un profesional universitario y como médico humano estaba legalmente autorizado para profesar y ejercer ese tipo de medicina; pero igualmente ya en forma empírica le atraía y ejercía la ciencia y el arte de curar los animales, de manera especial, partear vacas.
     Sucedió que un día fue llamado de urgencia para atender a uno de sus pacientes que presentaba un estado de salud crítica. El facultativo llegó de inmediato a la casa del enfermo, tal  como se acostumbraba en esa época; llamar al médico de la familia, y le pidió respetuosamente a los allí presentes que abandonaran el cuarto y lo dejaran solo con el enfermo a puerta cerrada.
     Después de un largo rato, nuestro personaje sale fuera de la acalorada habitación secándose con su límpido pañuelo el sudor de su frente. Luego en forma angustiosa fue rodeado por los familiares y amigos allí reunidos  del enfermo, en espera del diagnóstico. Pero antes le llevaron lo que siempre se acostumbraba: una ponchera, una toalla, jabón y una jarra con agua.
     Una vez que de modo sereno se lavó y se secó las manos, levantó su enmudecido rostro de tristeza, que dio motivo a que una señora allegada, rompiera el silencio con esta pregunta:
                                ¿   Doctor  ………..   y …….  Carlos …….   Murió    ?
                                De a peo ………..      Respondió  el galeno…….

                                                                                                                                                                                                               

La vaca del Dr. Troconis.-


     El Dr. Troconis, como ya lo mencionamos, nació en El Tocuyo, ciudad de añeja prosapia castellana, cuna de varones que han dado nombre y prestigio a Venezuela. Sin ser un intelectual a la altura de un Lisandro Alvarado o un Don Roberto Montesinos, fue en su lar nativo y fuera de él, un samaritano que poseía eso que llamamos los larenses “un don de gente” y quien como profesional de la medicina se entregó con pasión, honradez y excelencia. Su chispa humorística recorrió todos los paisajes del Estado Lara y pueblos aledaños.
     Como ya dijimos, nuestro protagonista se desempeñó como médico humano y basado en su experiencia también ejercía la medicina veterinaria.
     Sucedió entonces que un rico ganadero de la región solicitó su servicio como “veterinario” para que le curara  a una de sus mejores vaca lechera y de raza.
     El susodicho bovino presentaba un cuadro clínico caracterizado por una debilidad generalizada, le costaba incluso, pararse en sus cuatro patas. El Dr. Troconis la atendió con dedicación. Usó su instrumental médico al examinarla. Luego se puso de pie observando con preocupación al animal;  cuando de pronto el dueño de la finca le interrumpió su concentración haciéndole la siguiente sugerencia: No cree Ud. Doctor que esa vaca recobre su ánimo, si la cruzamos de inmediato con aquel semental, señalando a su vez con el dedo índice al fornido padrote..
     El Dr. Troconis enseguida rompió su silencio y le responde al ganadero:
                                    Mire amigo, esa vaca tendrá ganas de todo, menos ……………
                                    de tirar ……..        se …………    al amor.

                                                                         emplugones@hotmai.com


     

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