jueves, 27 de enero de 2011

Se acabo la Bovera


Boves y la guerra social...

La guerra social iniciada por el Capitán Domingo Monteverde durante la Primera República, continuó sin dirección y coordinación alguna. Los llaneros quienes eran los más aguerridos combatientes esperaban con ansiedad un “Taita” que los guiara en sus acciones bélicas, apareciéndose como caído del cielo el temerario José Tomás Boves quien luego se convertiría en el espanto suelto de las sabanas y quien junto a sus llaneros se movían como legiones de demonios que destruían y daban muerte a todo enemigo que encontraban a su paso.

Boves hace su entrada triunfal a Caracas con una actitud abierta y descarada contra España, tanto así que, no reconoció al Capitán General Juan Manuel de Cajigal quien era un militar de carrera  y su jefe inmediato superior.

Desde el momento en que el asturiano pisa el suelo caraqueño lleva a efecto su política de igualdad social. Los zambos, negros e indios gobernaban de hecho, ocupando en el gobierno revolucionario de Boves los mejores cargos. La aristocracia caraqueña bajaba la cerviz al paso de quienes antes eran sus esclavos.

Por otro lado, el riesgo inminente que corrían los blancos con los triunfos avasallantes de José Tomás y su ejército de desarropados, condujo a un entendimiento entre los criollos mantuanos y los blancos peninsulares pues veían claro que el Taita  tenía como propósito el exterminar a toda la “raza” blanca. Por tal motivo  buscaron de inmediato comunicarse con el Rey de España para que detuviera las devastadoras acciones del asturiano. El monarca decidió enviar pronto una expedición para pacificar a los “realistas” llaneros.

La Flota de Guerra al mando del Mariscal de Campo Pablo Morillo que estaba destinada para someter a los patriotas argentinos, la desviaron hacia nuestro país, ya que era preferible someter a los supuestos realistas de Boves por el peligro social  que representaban que combatir a los insurrectos rioplatenses. El General español Pablo Morillo, héroe de la guerra con Napoleón Bonaparte, llega a nuestras costas en abril de 1.815, es decir, 4 meses después de la muerte de Boves en la batalla de Urica. Este hecho impidió el esperado enfrentamiento Morillo y José Tomás.




Se acabó la Bovera.-


En la época de mi niñez, cuando estudiaba en la única escuela graduada de varones que existía en la población de Yaritagua- estado Yaracuy, la escuela “Cedeño”, mis maestros en sus clases anecdóticas  y quizás  sin bases documentales, nos deleitaban dramatizando la muerte de Boves junto al encuentro armado que se dio un 5 de diciembre de 1.814 en el campo de Urica en Barcelona, Estado Anzoátegui entre las fuerzas patriotas dirigidas por Ribas y Bermúdez, acompañados también, entre otros, por Monagas, Cedeño y Zaraza y las fuerzas “realistas” integradas por Boves y sus llaneros. Nuestros mentores, siempre con la aguda imaginación que  los acompañaba, nos contaban que entre las filas patriotas se destacaba un valiente soldado guariqueño de nombre Pedro Zaraza, quien tomó la iniciativa personal de retar de hombre a hombre al terrible Boves. José Tomás, como era de esperarse, aceptó el reto citándose ambos a un paraje del campo de batalla lejos del resto de las tropas. Los aguerridos llaneros se midieron frente a frente y entonces Zaraza llevando la voz cantante, le gritó a José Tomás: - “¡Hasta aquí llegó esto; o se acaba la Zaracera o se acaba la Bovera!”.  En el duro combate, el guariqueño Pedro Zaraza le asestó a Boves un certero lanzazo que puso fin a su vida  y a su intrépida carrera.
Sin duda alguna, y como escribiría un poeta gaucho: “Eran dos hombres de pelo en el pecho como no pare otra madre y los hombres machos pelean, no hablan”.

Volviendo a la realidad, José Tomás, aún después de muerto como el Cid Campeador, derrotó a las fuerzas patriotas y ganó entonces, la batalla de Urica.

Los soldados de Boves desmoralizados por la muerte de su adalid a quien creían invencible e inmortal no reconocieron a sus nuevos jefes realistas, tales como Morales, Cajigal y menos a Pablo Morillo pues no llenaban sus aspiraciones ni tenían los objetivos que los llevaron a participar en esta guerra. Por esta razón desertaron y buscaron una nueva figura paternal que, en sentido figurado podríamos decir, se reencarnó en José Antonio Páez, convirtiéndose éste en el nuevo “Taita” de los llaneros en armas; pero en esta ocasión en favor de nuestra Independencia.

Consideraciones finales.-    Llamar realista a Boves, quien tuvo una actitud abierta y descarada contra España, llamar realista al subalterno que no reconoció como superior al mismísimo Capitán General don Juan Manuel de Cajigal, calificar de realista  a la obra de Boves que invirtió la pirámide social de Venezuela y quien fue el verdadero libertador de los esclavos  constituyendo además un gobierno cuyo contenido de clase no ha encontrado paralelo en la historia de la América morena, es simplemente una interpretación pérfida de nuestra historia. Y, si en algún momento estuvo al lado del rey, únicamente fue por consideraciones tácticas.

Al luchar bajos las órdenes de Boves, la masa popular que integraban los pardos, negros e indios, lo hacían impelidos por el odio y la desconfianza que inspiraba el blanco criollo. El general Rafael Urdaneta, en retirada hacia occidente en los aciagos días de 1.814, se lamenta en una correspondencia, de que fuesen los mismos venezolanos organizados en grupos armados los que lo hostilicen y le hagan más penosa la marcha.¿ Y  qué otra respuesta podía obtenerse de estos desharrapados, si durante los tres siglos de vida colonial, su color y su porción económica fue siempre una marca perenne de inferioridad? ¿Cómo entonces, las fuerzas populares iban a sumarse a un movimiento promovido por sus opresores? Imposible, históricamente imposible. Boves les inspiraba confianza y amor  con el cual hacían la guerra. Además, les reconoció sus méritos en el campo de batalla, les repartió tierras y  ofreció entregarles las riquezas materiales de los oligarcas. Muerto Boves, Páez hizo suya la bandera agraria y al hacerle los mismos ofrecimientos del caudillo   asturiano, los incorpora definitivamente a la causa de la emancipación.

Después de diez años de lucha el enemigo fue abatido en Carabobo. A las fuerzas populares se les debió en gran parte el triunfo definitivo de la Independencia. Con lo único que tenían, su sangre, regaron el suelo patrio aunque sus sacrificios no fueron recompensados.  En vano intentará el Libertador completar la obra de la Revolución encarándosele al problema de la tierra;  los intereses de los criollos terratenientes podrán más que las leyes y el noble pensamiento que las inspira. En efecto, con el propósito de traducir los ofrecimientos que Páez había hecho a los antiguos soldados de Boves, en hechos cumplidos, Bolívar hizo promulgar la Ley de Repartos de las Tierras en el año de 1.817. Más esta Ley jamás llegó a ejecutarse.

Terminada la guerra de emancipación, la oligarquía criolla se encaramó en el poder y mantuvo a raya de las actividades políticas a la masa popular por medio de Constituciones Censitarias, donde el hecho de ser trabajador doméstico o sirviente,  como ellos lo llamaban, los incapacitaba como  ciudadanos. Para elegir y ser elegidos debían estar casados o ser mayores de veintiún años, saber leer y escribir, poseer una propiedad y una profesión que produjera suficiente dinero, entre otros.

Páez el gran llanero, olvidando su humilde origen, se convierte en el mejor intérprete de la reacción.  Compra los “Bonos de Guerra” que el Estado les había otorgado a sus  soldados a precio de gallina flaca y llega a ser uno de los hombres más ricos de la Venezuela de su tiempo. Y entonces lo único que se consiguió en esta dura lucha, fue un cambio en el orden político, “la tiranía doméstica”.

Hay un momento en el que parece que las masas populares se van a incorporar en forma definitiva a la vida política de la Nación, guiada por ese notable caudillo que fue Ezequiel Zamora; pero la misteriosa muerte de éste y el claudicante pacto que los dirigentes de la Revolución Federal firman en Coche, frustran y burlan las aspiraciones de las masas oprimidas.
Y así siguieron los oligarcas al frente de los destinos de Venezuela ahogando cualquier intento de reivindicación del pueblo. Y así pensaban permanecer hasta nuestros días.


Emmanuel P. González Espinal


emplugones@hotmail.com





2 comentarios:

  1. A propósito del Bicentenario de la Batalla de Urica
    FUE ZARAZA QUIEN MATÓ A BOVES
    Por Víctor Belis
    victorbelis37@gmail.com
    0414-2483325
    http://tercerainformacion.es/spip.php?article78576

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  2. simon bolívar un personaje creado por el imperio español, familia del rey Fernando o un noble, con una encomienda de la iglesia católica. mato a los que se sublevaron a la iglesia católica. ya que habían emigrado muchos templarios que no estaban deacuerdo con la esclavitud religiosa a este país y que según a la iglesia eran herejes. ellos querían ser independientes a la iglesia y dar liberta a todos los hombres que poblaban america. esa es la realidad de la historia. los católicos tienen documentos donde cuentan los verdaderos intereses de sus guerras. o no lo hicieron en europa también. son dueños del dinero y socios de los bancos judíos.

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